La Terapia
Emotiva Racional (T.E.R)
Albert Ellis, un psicólogo norteamericano nacido en
el año 1913, insiste una y otra vez en la necesidad de descubrir, no sólo
nuestros sentimientos, sino también el trasfondo que hay en nosotros. Cada uno
tiene unas creencias determinadas de cómo es la realidad que nos rodea, de cómo
es él, cómo son los demás, la vida, el mundo, Dios. Miramos y reaccionamos
desde estos presupuestos. Estos parámetros de conducta constituyen la
personalidad, lo que cada uno cree ser. A la frase que ya hemos repetido varias
veces: <<Si las comprendes, las cosas son como son…>>, habría que
añadirle inmediatamente: <<Pero nunca son enteramente como yo las
veo>>.
Ellis da un paso más que puede ayudarte a clarificar
tus comportamientos y conseguir una vida más feliz. Nuestra visión es el
resultado de los primeros años de nuestra infancia. Más que los hechos que nos
han sucedido, importa la reacción afectiva que tuvimos ante esos hechos. Cuando
se repiten, o se viven intensamente, se van troquelando en nuestro cerebro unas
máximas, o creencias, que terminan por condicionar el
modo de relacionarnos. La realidad deja de ser un dato objetivo, algo que está
ahí fuera, y construimos nuestro propio mundo. <<Soy>> lo que
pienso que soy; y los demás <<son>> también el resultado de mis
propias creencias. Epicteto decía: <<El hombre no se aliena por hechos
externos, sino por la idea que se hace de ellos>>
Las experiencias que han condicionado nuestra
personalidad las expresamos en máximas internas que se constituyen en un
vademécum particular que rigen nuestra vida y condicionan nuestra visión.
Terminamos viendo la realidad desde nuestras creencias, y así surgen los
diversos sentimientos y comportamientos.
Las creencias son necesarias; no podríamos relacionarnos
sin ellas. Las creencias dan seguridad, nos dicen quiénes son los demás, y
quién soy yo , qué puedo esperar de la vida, como tengo que comportarme para
triunfar y ser feliz, cómo debo reaccionar… Son los puntos cardinales que nos
ayudan a orientarnos en nuestra travesía por la vida. Es imposible vivir sin
creencias, pero –este es el punto esencial del pensamiento de Ellis-hay
creencias que son irracionales, absurdas, que debilitan nuestro ser, y
entorpecen nuestros movimientos; hay
creencias que nos hacen daño. Sin embargo, insiste Ellis, el hombre es un ser
capaz de actuar irracionalmente. El animal actúa por instinto, desde la
sabiduría escrita en sus entrañas; sólo el hombre actúa desde sus creencias.
Hay creencias irracionales que no pueden superar un análisis sereno, pero que
han quedado interiorizadas en nosotros y terminan por condicionar nuestros
comportamientos. <<Las frases y máximas que frecuentemente nos decimos a
nosotros mismos son, prácticamente o llegan a serlo nuestros pensamientos y
nuestras emociones>>
Si quieres reaccionar sanamente ante las diversas
circunstancias de la vida, es esencial que tomes conciencia de tus creencias
irracionales. A este saneamiento interior algunos autores lo llaman una terapia de la visión. Hay creencias que se expresan en
frases que suenan muy bien; tienen la entonación y la comisión de una máxima
cargada de sabiduría, pero que no tienen consistencia alguna ante el más ligero
análisis.
Aquí tienes algunas de esas máximas que
frecuentemente escuchamos en boca de los demás y que nosotros mismos vivimos
sin que ni siquiera nos demos cuenta: <<Para no meterse en líos, más vale mantener la boca
cerrada>>, <<uno no puede decir lo que realmente piensa y
siente>>; <<no debo enfadarme con nadie; sólo conmigo
mismo>>… Si las miras atentamente, son frases absurdas que terminan por
destruirte. Antes o después, esas máximas te van llevando a un callejón sin
salida: tu vida se apaga como un fuego que poco a poco pierde sus llamas, o
reaccionas por fin neuróticamente.
Siempre que tienes una emoción negativa, detrás de
ella hay una creencia errónea, un gusano oculto que terminará por corroer la
raíz de tu existencia.
Albert Ellis se atrevió a concretar en once
enunciados las creencias irracionales más frecuentes que suelen estar ocultas
detrás de nuestras reacciones negativas. Cuando esas creencias están marcadas a
fuego, y condicionan excesivamente nuestra vida, nos convertimos en personas
emotivas, más o menos psicológicamente perturbadas. Detrás de la ansiedad, o de
una hostilidad desproporcionada, es fácil encontrar una creencia irracional que
debemos superar.
Once
creencias irracionales
Estas son las principales creencias irracionales
que, según Ellis, se esconden detrás de muchos comportamientos neuróticos. Atrévete
a mirarlas despacio: analízalas. Posiblemente, ninguna te condicionará a ti con
la intensidad con que las describe Ellis. Él habla de personas realmente
neuróticas, enfermas; pero, ¿quién no tiene en alguna parte de su personalidad
un comportamiento parecido?
También la sociedad troquela frases que terminan por
convertirse en un vademécum colectivo. Cuando las creencias colectivas son
irracionales, la sociedad produce seres enfermos. Algunas mujeres han llegado a
creer que si no consiguen los cánones de belleza corporal marcados por los
pontífices de la estética, no pueden vivir pacíficamente en sus cuerpos. Para
muchas de ellas, estos cánones son irracionales, imposibles; así entran en una
dinámica que puede terminar en una neurosis. Tampoco los hombres tenemos la
necesidad de superar una y otra vez las exigencias que nos marca la sociedad
para sentirnos seguros ante su examen riguroso.
Detrás del enunciado de cada creencia irracional
propuesta por Ellis, haré unas breves sugerencias que te ayuden a comprender su
engaño. El enunciado no coincide con las palabras que utilizó Ellis, pero sí
creo que expresan su pensamiento.
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