En una
lejana ciudad de Oriente, un turista que vagaba sin rumbo entre los comercios
abarrotados de mercancías exóticas encontró una tienda con un rótulo extraño en
el frontispicio de la puerta: << Tienda de la felicidad>>. El
curioso turista sintió una leve conmoción en todo su cuerpo. <<¿Que es
esto?>>, se preguntó extrañado. Desenfundó su máquina fotográfica y se
decidió a entrar en aquel comercio. Todo era extraño para él; detrás de los
mostradores aparecían unos ángeles esperando que alguien se acercara a ellos
demandando sus servicios. Un poco asustado se dirigió a uno de ellos y le
preguntó con la voz entrecortada por el miedo: << ¿Qué es lo que venden
ustedes aquí? >>. << Aquí, señor se vende todo cuento pueda estar
relacionado con la felicidad de la persona>>. No esperaba aquella
respuesta. Él iba buscando modelos nuevos de ordenadores, algún vestido de seda
para su señora…, y se encontraba con lo que no había pensado. <<Ah –dijo
un tanto ansioso-, quiero comprar una tonelada de amor entre los hombres, el
fin de todas las guerras, un bidón de comprensión entre los esposos y entre las
familias de todos los pueblos…>>. Parecía que nunca terminara su pedido.
El ángel le interrumpió moviendo suavemente sus manos y le dijo:
<<Perdone usted, señor; quizás no me he explicado bien. Aquí no vendemos
“frutos” de la felicidad; sólo vendemos “semillas”; pero, si sabe usted
sembrarlas y cultivarlas acertadamente, muy pronto obtendrás momentos intensos
de felicidad>>
Luego hay que saber sembrarlas
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